Una sucesión mal ejecutada en la dirección general puede costar miles de millones en valor para los accionistas, desestabilizar a la organización y provocar la fuga de talento clave. Frente a esta realidad, un nuevo estudio publicado en el Journal of Management sugiere una estrategia sencilla pero poderosa para maximizar el éxito de una sucesión: hacer que el nuevo CEO comience su gestión al inicio del año calendario o fiscal.
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