Desde que Lyndon Johnson declaró la “guerra incondicional a la pobreza” en 1964, Estados Unidos ha construido un robusto sistema de bienestar que hoy representa el 15% del PIB anual. Sin embargo, la narrativa sobre su éxito está dividida: mientras unos ven un salvavidas necesario, otros, como el economista Thomas Sowell, argumentan que el Estado solo creó dependencia.
Nuevos datos sugieren que la realidad es más compleja. La pobreza ha caído drásticamente, pero los motores de este cambio no son los que solemos acreditar. Para los líderes y tomadores de decisiones, entender esta distinción es crucial para diseñar políticas y estrategias de impacto social que no anulen el incentivo económico.




