Por: Kate Niederhoffer, Gabriella Rosen Kellerman, Angela Lee, Alex Liebscher, Kristina Rapuano y Jeffrey T. Hancock.
Publicado originalmente en Harvard Business Review (HBR), septiembre de 2025.
Resumen Ejecutivo
A pesar del repunte en el uso de inteligencia artificial generativa en los entornos laborales, la mayoría de las empresas perciben un retorno de inversión (ROI) mínimo.
Una razón fundamental es la proliferación del workslop (contenido residual o “basura” laboral): productos de IA que aparentan profesionalismo pero carecen de sustancia, transfiriendo la carga cognitiva a los colegas. Investigaciones de BetterUp Labs y Stanford revelan que el 41% de los empleados ha lidiado con estos resultados, lo que genera casi dos horas de reprocesamiento por incidente y erosiona la confianza y la colaboración.
Los líderes deben evaluar si están impulsando mandatos organizacionales indiscriminados sin directrices de calidad claras. Para mitigar el workslop, la alta dirección debe modelar un uso de IA con propósito, establecer normas críticas y fomentar una “mentalidad de piloto” que combine proactividad con optimismo, posicionando a la IA como un colaborador y no como un atajo.




