Por Thomas Stackpole
Resumen: El cierre del Estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del petróleo mundial, está enviando ondas de choque a la economía global. Pero, ¿qué tan grave será realmente esta interrupción? Según una conversación con el analista petrolero Rory Johnston, los efectos podrían ser masivos y, además, tardíos.
Aunque los mercados han mantenido un optimismo sorprendente, la realidad material de la escasez será inevitable cuando los últimos barcos que cruzaron el Estrecho lleguen finalmente a puerto, más de un mes después del inicio de la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán. Del mismo modo, el aumento de los costos del combustible tardará meses en traducirse en precios más altos para el consumidor, incluso si aparecen de inmediato en los balances de las empresas de transporte como márgenes más estrechos. Las presiones inflacionarias —tanto reales como percibidas— moldearán las decisiones de los bancos centrales.
A medida que la escasez se agudice, los países más ricos capearán los precios altos, mientras que el mundo en desarrollo sufrirá un desabastecimiento real. Las empresas podrían tener la oportunidad de cubrirse contra los altos costos al principio del conflicto, pero corren el riesgo de contraer pasivos masivos si este termina rápidamente.




