China ha emergido como el referente global más avanzado en el despliegue de vehículos autónomos, y lo ha hecho gracias a una combinación de experimentación controlada, competencia feroz y un modelo regulatorio extremadamente adaptable. Su progreso ofrece lecciones estratégicas valiosas para líderes empresariales: la velocidad de innovación no depende solamente del talento o la inversión, sino de la capacidad institucional para aprender sobre la marcha y ajustar las reglas sin frenar el progreso.
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