Estamos viviendo un momento de disonancia cognitiva empresarial. Por un lado, la inteligencia artificial (IA) avanza a una velocidad que desafía la lógica: modelos que resuelven problemas de física teórica y ejecutan tareas complejas de horas en minutos. Por otro, los datos macroeconómicos nos cuentan una historia mucho más sobria.
A pesar del optimismo de figuras clave en EE. UU., como el Secretario del Tesoro Scott Bessent, quien predice un “mordisco” inminente de la IA en la productividad, la realidad es que el crecimiento real de la productividad en 2025 (aprox. 1.9%) sigue por debajo del promedio histórico del 2%. Si sientes que la revolución no ha llegado a tu cuenta de resultados, no estás solo. La IA es hoy una herramienta poderosa, pero aún no es el motor económico que prometieron.




