Históricamente, apostar contra Donald Trump ha sido una estrategia perdedora. Su capacidad para desafiar la gravedad política —desde los eventos del 6 de enero hasta su regreso triunfal en 2024— lo consolidó como un líder con “superpoderes” mediáticos y políticos. Sin embargo, el conflicto actual con Irán representa una crisis diseñada casi quirúrgicamente para neutralizar su presidencia.
Lo que comenzó como una campaña de presión imprudente se ha transformado en una guerra que, incluso si es breve, alterará el curso de su segundo mandato. Para el líder ejecutivo, la lección es clara: la falta de estrategia y el exceso de confianza pueden destruir el apalancamiento más sólido.




