EXCÉLSIORStaff

Videgaray y Osorio: ¿candidatos presidenciales del PRI?

EXCÉLSIORStaff

EXCÉLSIOR / LEO ZUCKERMANN 

En las columnas políticas y las encuestas preelectorales se sigue mencionando a Luis Videgaray y a Miguel Ángel Osorio Chong como posibles candidatos del PRI a la Presidencia de la República. Es lógico: desde el principio del sexenio han sido los colaboradores más cercanos del presidente Peña. Pero, ¿de verdad los dos hombres fuertes del gabinete tienen posibilidad de suceder a su jefe?

No dudo que alguno de ellos pueda convertirse en el candidato del PRI porque, al fin y al cabo, será Peña el que tomará esta decisión. La pregunta es si tendrán la fuerza suficiente para ganar la elección presidencial. Y aquí saltan a la vista las vulnerabilidades de Videgaray y Osorio como posibles candidatos.

Comencemos por el secretario de Hacienda. A todas luces tiene debilidades importantes. La primera es la ignominiosa casa de Malinalco que le financió Grupo Higa en condiciones muy favorables. Sobre Videgaray pesa la sombra de, por lo menos, un posible conflicto de interés. Esto es una vulnerabilidad para el secretario si el tema de la corrupción será central en la elección de 2018, como ya lo fue este año. Sus adversarios no dejarían de criticarlo por haberle comprado una mansión a uno de los constructores favoritos de los gobiernos peñistas, primero en el Estado de México y luego el federal.

Pero, como se ha visto en el caso brasileño, los electores son más tolerantes con la corrupción si la economía va bien. A Lula da Silva le perdonaron todo. No así a Dilma Rousseff. La diferencia es que la economía de Brasil crecía a altas tasas durante la gestión del primero, no así de la segunda. En este sentido, si el actual sexenio de Peña hubiera sido de gran crecimiento, como lo prometió el Presidente y su secretario de Hacienda, pues Videgaray tendría más posibilidades de ganar a pesar de la casa de Malinalco. El problema es que las tasas de crecimiento del PIB han sido bajas durante la primera mitad del sexenio y se ve difícil que mejoren mucho en lo que resta de la administración. Además, el peso se ha devaluado en un 30% en menos de un año, lo cual, eventualmente, producirá inflación, y viene un inminente recorte presupuestal.

Tenemos, entonces, a un secretario de Hacienda con problemas económicos y una sospechosa casa a cuestas. No parece ser una buena opción para aparecer en las boletas presidenciales de 2018. Se muestra vulnerable con flancos abiertos que bien podrían aprovechar los otros candidatos para atacarlo.

Lo mismo Osorio. Como Videgaray, también cuenta con dos sospechosas casas. El hoy secretario de Gobernación, cuando dejó de ser gobernador de Hidalgo, se mudó al DF, donde vivió en una casa en Bosques de las Lomas que le rentó Carlos Aniano Sosa Velasco. Luego se mudó a otra en las Lomas de Chapultepec del mismo casero. Resulta que Sosa Velasco era un gallero que, cuando Osorio fue gobernador, se convirtió en un exitoso constructor que ganó varios contratos de obra pública del gobierno hidalguense. Con la llegada de Osorio a Gobernación, el casero comenzó a ganar obra federal.

Además, si a Videgaray se le escapó el peso, a Osorio se le escapó El Chapo. Este chiste (tomado de las redes sociales) resume otra vulnerabilidad más del secretario de Gobernación. Al fin y al cabo es el responsable de los penales federales y de la seguridad del país. Que el criminal número uno se haya fugado por segunda ocasión es, como diría Peña, “imperdonable”. Sobre todo porque la fuga fue posible gracias a una enorme operación de corrupción de funcionarios subordinados de Osorio. La percepción de ineptitud gubernamental llega hasta el secretario. Cualquiera de los candidatos presidenciales de 2018 puede argumentar que el hidalguense no tiene la capacidad de gobernar México cuando no pudo mantener a El Chapo Guzmán tras las rejas. Amén de que tampoco la seguridad en el país ha mejorado sustancialmente durante este sexenio.

En suma, quizá los dos hombres fuertes del Presidente sigan teniendo posibilidades de ser el candidato presidencial priista en 2018. No obstante, ambos tienen fuertes vulnerabilidades. Si Peña se inclina por alguno de ellos, la apuesta sería a ganar gracias a la fuerza del PRI como partido. Una apuesta muy arriesgada ya que, como vimos en la elección de 2006, el PRI sacó 22% de la votación nacional con un candidato con muchas vulnerabilidades, como era Roberto Madrazo.