LEO ZUCKERMANNStaff

Otra historia de subdesarrollo: los parquímetros

LEO ZUCKERMANNStaff

EXCÉLSIOR / LEO ZUCKERMANN

Soy fan de los parquímetros. Sí funcionan. En los diversos lugares donde el gobierno del Distrito Federal los ha puesto, ha mejorado muchísimo el estacionamiento en la vía pública. Se trata de una fabulosa manera de administrar un espacio público recaudando dinero para el erario. El problema es, otra vez, que por alguna razón que no entiendo tenemos parquímetros obsoletos desde el punto de vista tecnológico.

En la Ciudad de México sólo aceptan dinero en efectivo. En realidad, monedas. Esto es un primer inconveniente. Si por alguna razón el conductor no cuenta con el metálico necesario, tiene que buscar alguien que le cambie un billete. Además hay que echar la cantidad exacta porque nuestros parquímetros no dan cambio. El monto máximo son 24 pesos. Si, por ejemplo, se depositan tres monedas de diez pesos, el conductor le regala a la ciudad, o al concesionario, seis pesos. Una vez hecho el pago, la máquina emite un boleto que debe ser puesto, con el número de la placa, en el tablero del automóvil. Aquí hay otro problema. Las máquinas sólo aceptan números y hay muchas placas de la República, incluyendo las nuevas en el Distrito Federal, que tienen más letras que números.

El que sólo se reciban monedas tiene otra contrariedad. Me han tocado máquinas que se llenan y ya no pueden, por tanto, recibir más dinero. En ese caso, el automovilista tiene que caminar una distancia mayor para buscar otra. No está mal hacer un poco de ejercicio. El inconveniente es cuando está lloviendo, lo cual es frecuente en esta ciudad. Pero, además, el que la máquina esté lejana representa un riesgo. En lo que encuentra, puede pasar el policía que está haciendo el control y, como el vehículo no tiene el comprobante de pago, le pueden colocar la multa con el respectivo inmovilizador en la llanta. Ya me ha pasado. Tuve que correr para enseñarle el papelito al policía. Por suerte se trataba de un oficial razonable (no todos lo son) que procedió a quitar el candado.

Lo que yo no entiendo es por qué no funcionan las máquinas con tarjetas de débito o de crédito. Aunque están supuestamente diseñadas para aceptarlas, no las toman. ¿Por qué estamos peleados con la modernidad y tecnología en los servicios públicos? Y no es que esté pidiendo una tecnología de última generación porque, si nos vamos a esas, tendríamos que poder pagar el parquímetro a través del celular. Me ha tocado en otras ciudades del mundo donde opera este servicio de maravilla.

Hay dos opciones. Los usuarios consuetudinarios bajan una App a su teléfono inteligente del servicio de parquímetro de la ciudad. Se dan de alta con una cuenta registrando las placas de su coche y una tarjeta de crédito o débito. Cuando estacionan su auto, abren la App, registran el número de la zona donde van a aparcar (que se encuentra en letreros en la acera) y pagan su cuota. No tienen que hacer nada más. Cuando pasa el inspector, pone el número de la placa del auto en un aparato que vía electrónica revisa si dicho auto pagó o no la cuota por estacionarse. Si no lo hizo, colocan el inmovilizador.

Esto es para los usuarios frecuentes. Pero, ¿qué hacer para los que no lo son como los viajeros? Muy sencillo. En el letrero donde está el número de la zona de aparcamiento viene un número gratuito de teléfono para pagar. Desde el celular se marca, se registra la tarjeta de pago, la cantidad a pagar, la zona de parqueo, las placas del auto y listo. Nada más.

Pagar el parquímetro por teléfono tiene, aparte, otra enorme ventaja. Diez minutos antes de que se venza el plazo, le envían al usuario un mensaje informándoselo. Una vez más, a través del móvil, puede comprar tiempo adicional. Fantástico: no hay que salir corriendo a ponerle más monedas al parquímetro, como tenemos que hacerlo en la Ciudad de México donde contamos con una tecnología del siglo pasado.

Yo de verdad no entiendo por qué están peleados los servicios públicos mexicanos con las nuevas tecnologías. La única explicación que tengo, como mencionaba ayer en mi artículo a propósito de los pagos en las carreteras de cuota, es que el gobierno que regula estos servicios es inepto o está en contubernio con las concesionarias que realizan los cobros. O es la torpeza de cobrar con pesadas monedas o es la corrupción de recaudar dinero en efectivo que no deja huellas.