Reforma Política de la roja: premium, y sin impuestos.

Por Álvaro López

Como te podrás haber dado cuenta, nuestro país es cada vez más caótico, tanto en lo político, en lo económico, así como en lo social. Se está resquebrajando un orden de las cosas que ya no funciona, comandado por una clase política sin valores ni principios. El gasolinazo es tan sólo la punta del iceberg, y es tan sólo una consecuencia de las causas que deberíamos estar atacando.

Llegamos aquí gracias a un cúmulo de cosas que se hicieron mal: irresponsabilidades, abusos, corrupción. Es eso, y no la Reforma Energética, como muchos piensan, lo que ha empezado a desatar una crisis de ingobernabilidad en la que los ciudadanos se ven afectados en sus bolsillos, indignados con razón -aunque no comprendan bien las causas, y los diagnósticos no sean los más acertados-, saqueos, opositores tanto de derecha como de izquierda engañando y tergiversando para obtener un beneficio político en vez de representar a la ciudadanía indignada con este gobierno, el cual se lava las manos diciendo que el problema viene de afuera.

El problema, el verdadero problema, no tiene que ver con ideología alguna, sino con el desbaratamiento de un sistema, de una estructura que ya no representa a los ciudadanos, que se mira a sí misma, abusa de su puesto privilegiado, y luego no entiende porqué tiene a sus gobernados en la calle. Esta estructura decadente es la que explica todo, es la que ha abusado de las finanzas públicas, la que ha tomado pésimas decisiones, De ella se deriva un problema financiero, que a su vez explica por qué las gasolinas tienen que estar gravadas con muchos impuestos.

Por eso es que eliminar el IEPS, el impuesto gracias al cual la gasolina es más cara y no más barata, terminaría siendo contraproducente. A menos, claro, que el gobierno piense en hacer duros recortes en gasto público que de todos modos podría indignar a muchas personas. De igual forma, subsidiarlo sería dar un paso atrás.

Es decir, el daño está hecho. Gracias a la mala disciplina económica del gobierno, de las pésimas decisiones, del ordeñamiento de Pemex, de todos los abusos -de los cuales no sólo es responsable esta administración-, es que llegamos aquí. Y como el daño está hecho, ya no podemos hacer nada al respecto -hablando del precio de las gasolinas-. Entonces esa indignación se debería trasladar a una propuesta de Reforma Política de gran calado que logre cambiar y limpiar toda la estructura para evitar todos estos abusos. Todas esas iniciativas de desobediencia civil -no cargues gasolina, no pagues impuestos-, deberían ir orientadas en este sentido. Bajar el costo de la gasolina no abonará para modificar las causas que provocaron su aumento.

Si bien han habido algunos avances producto de la iniciativa ciudadana como las candidaturas independientes o la Ley 3 de 3, se debe de empujar más fuerte para lograr reformar todo el sistema desde abajo: Por ejemplo, eliminar el fuero, que los candidatos a ocupar puestos políticos demuestren vivir de forma honrada, que se les haga exámenes psicológicos y de conocimiento -lo cual pueda ser vigilado por los ciudadanos-, y que tengan la educación necesaria para desempeñar su cargo -por ejemplo, maestría en un área afín para poder ejercer como senador-, entre muchas otras propuestas que son muy necesarias para lograr esa reforma de gran calado que toque la raíz de las estructuras políticas que tan contaminadas están.

La indignación es sana, y en este caso, está justificada. Sin embargo, no debe de invitar a hacer la razón a un lado, y por tanto, debemos usar ese coraje de una forma más productiva y propositiva; que estas manifestaciones tengan más sustancia y apunten a las causas, no a los efectos; que los manifestantes y los indignados nos informemos e investiguemos más. Hacer este ejercicio puede hacer la diferencia entre crear un país mejor, o dejar que se suma en el caos. Tenemos que cambiar el sistema, y para eso, también tenemos que proponer, investigar e informarnos.